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lunes, 13 de septiembre de 2010

"Blue Moon City", de Reiner Knizia


Blue Moon City es un juego de 2 a 4 jugadores creado por el popular Reiner Knizia, ambientado en el universo de "Blue Moon". Aunque comparte ambientación con su juego hermano, Blue Moon (2004), no tiene nada que ver con aquel en cuanto a temática o estilo de juego. Mientras que Blue Moon era un juego prácticamente coleccionable de combate con cartas para dos jugadores, Blue Moon City (2006) es un juego de gestión de recursos sencillo y adictivo, cuyo parentesco con el juego anteriormente citado reside en la ambientación, ya que este se ambienta muchos años tras la guerra que devastó el mundo de Blue Moon, y por tanto, comparte además la razas de corte fantástico que ilustran las cartas del juego. Ni que decir tiene que ambos juegos son totalmente independientes, tan sólo forma parte de una saga en el nombre y en el gusto de dotar de un trasfondo común a un juego de mesa. Fue editado originalmente en Alemania por Kosmos, para editarse luego por Fantasy Flight Games en lengua inglesa.

*Objetivo del Juego. Como la ciudad de Blue Moon está destrozada por culpa de la guerra entre razas ocurrida en el anterior juego de la colección, el papel de los jugadores es el de revitalizarla. Para ello, habrá que ir haciéndose con una serie de cristales que servirán para de nuevo dotar de poder a cada uno de los edificios que integran la ciudad, mediante contribuciones que a su vez valdrán para ganar nuevos cristales o cartas adicionales. Pero no solamente se realizan contribuciones en el edificio, sino que el enorme cristal que se yergue en el centro de la ciudad (el gran Cristal de Psi) propiciará el éxito de cada uno de los séquitos de los jugadores. El que mejor haya jugado sus cartas o hecho el mayor número de ofrendas seguramente ganará la partida.

El gran Cristal de Psi, donde deberemos realizar las ofrendas con los cristales conseguidos. Dependiendo del número de jugadores, el máximo de estas para ganar varían.

*Mecánica.
Su mecánica es sencilla, intuitiva y muy divertida. En un principio pensé que sería un juego algo más complicado, pero vistos los componentes o la forma en que estos se manejan me hizo cambiar de opinión al instante. Se trata esencialmente de un juego de cartas, pero con baldoras que forman un tablero, aderezado con los típicos cubos de colores de juego europeo que sirven para marcar nuestros progresos o situación como gestor de recursos sencillo que es. Cada una de las cartas tiene un color (ya que el color es una de las facetas más importantes del juego) y un valor genérico (1 o 2), y dependiendo de este, su función en el juego cambia, tales como desplazarte al lugar del tablero que desees o colores genéricos para añadir a una contribución. Es mediante estas cartas que deberemos realizar las consabidas gestiones en los edificios para ganar la recompensa que estos generan, traduciéndose en cristales o más cartas para nuestra mano. La "miga" del juego radica en que estas cartas deben ser muy bien administradas para no derrochar sus valores, así como saber y calcular nuestras próximas jugadas y movimientos, ya sea para hacer una colaboración de última hora en algún edificio que esté a punto de completarse por otro jugador, o directamente realizar un considerable número de donaciones por nuestra cuenta a un único edificio (ya que no están restringidas a una por turno, sino dependiendo de nuestras cartas disponibles) para que todos los recursos generados pasen a ser de nuestra propiedad, ya que dos o más colaboraciones en un sólo edificio hace que las bonificaciones se compartan.

Una perspectiva de la zona de juego, compuesta por los diferentes tableros de ciudad, los cubos de colores, el cristal central, las escamas, el mazo de cartas... El té es de fresa.

Para realizar todas estas acciones deberemos movernos por el tablero con nuestro peón, participando aquí o allá en colaboraciones, acudiendo al cristal central para realizar ofrendas de cristales o aguardando nuestro momento para una jugada establecida de antemano. Una de las cosas que también me han resultado interesantes de este juego es el uso de los dragones elementales, que son tres (rojo, azul y verde), ya que al realizar una contribución en un edificio con un dragón presente significa que obtendremos como recompensa una escama dorada que en cierto momento intercambiaremos por cristales. Y las jugadas para tener presentes a los tres dragones al mismo tiempo son muy posibles...

En cierto modo, todos los juegos de Reiner Knizia tienen un punto común como es el de gestionar las cartas de distintos valores o colores. Ejemplos como Scarab Lords, Exploradores o Keltis. Si bien Blue Moon City tiene una mecánica parecida en el modo en que usamos las cartas para llegar a cierto número con una cantidad determinada de ellas, el movimiento por los distintos edificios, o los dragones, lo convierten en un juego distinto. Evidentemente, comparte ambientación con el Blue Moon original de combate con cartas, pero más allá de eso es pura coincidencia.

Así de intuitivo y sencillo es que en cada turno de jugador hay tres acciones para llevar a cabo y en orden: mover, jugar cartas y descartar/robar. Nada más. El resto depende de nuestras posibilidades, en las que el azar se ve reducido a las cartas que puedan tocarte del mazo.

*Componentes. Uno de los puntos fuertes del juego es su aspecto visual, ya que las ilustraciones que acompañan a cada uno de los edificios o las ilustraciones de las cartas permiten que nos sumerjamos completamente en la ambientación. Los dragones de plástico son muy consistentes (jamás se combarán por el calor o por el uso), los peones de los jugadores o los cubos de colores cumplen perfectamente con su función, y los tableros de edificios, así como el cristal central, son de un tipo de cartón muy duro que durará años de juego. Es de agradecer la vistosidad de los elementos, así como el buen tamaño de los tableros de edificios (que son veintiuno). Ninguna queja tampoco respecto a las fichas de escamas dragontinas o cristales, también de un material consistente. Solamente tengo dos pegas. Una de ellas es respecto a los colores utilizados en el juego, ya que algunos jugadores tendrán problemas en distinguir unos de otros por su tremendo parecido, en especial cuando dispongamos de poca iluminación, cosa que se solucionará a lo largo de muchas partidas jugadas. La otra pega es respecto a la caja del juego en sí, ya que los espacios de la misma no están totalmente aprovechados, haciendo que se convierta en las típicas cajas llenas de aire que con la mitad de su tamaño pasaría perfectamente (se puede apilar todo en menos de la mitad de ese espacio, y de paso se reduciría el precio final). Eso sí, sería aconsejable ponerle fundas a las cartas, ya que por su trajín al final terminarán desgastándose algo por los bordes.

El reglamento está perfectamente redactado, sin posibilidad de confusiones ni interpretaciones., y es corto. La edición inglesa de Blue Moon City lo lleva, evidentemente, en ese idioma, pero los que no sepan inglés lo comprenderán con un poco de esfuerzo (aunque siempre hay traducciones por las diferentes págians de internet dedicadas a los juegos de mesa). En cuanto a idioma, el juego es perfectamente independiente del mismo, tan sólo las instrucciones.

Realizando una contribución en presencia de Lika, el Dragón de Fuego.

*Ambientación.
Como ocurre con casi todos los juegos de Reiner Knizia, la ambientación está muy bien, pero no es realmente el motivo del juego en sí, como tampoco lo son el objetivo de los componentes (como las escamas de dragón, ya que podrían haber sido cualquier otra cosa) en comparación con otros donde la temática sí influye. Realmente, daría igual que la ambientación fantástico/espacial de Blue Moon City estuviera insertada en la Edad Media o en una granja con vacas y perros que tratan de reconstruir los graneros por culpa de un tornado en Texas. No es uno de los puntos fuertes del autor ni uno de los puntos fuertes de un montón de juegos europeos (se da en Scarabs Lords, se da en Exploradores y se da en Dominion), pero la ambientación de Blue Moon City se deja agradecer igualmente porque consigue crear un colorido especial en la mesa de juego, imaginándonos que nos paseamos por esa ciudad arrasada de corte fantástico, con unos dragones elementales que pululan por la misma presenciando los esfuerzos de las distintas razas. Y aunque las ilustraciones de las cartas (con artistas de la talla de Daren Bader o Todd Lockwood) no tienen un efecto en la mecánica, también consiguen introducirte en la pequeña "trama" del juego ya que los colores y las acciones de las cartas dependen de la raza mostrada, que son ocho (en alusión al juego original de Blue Moon).

*Valoración final. Es un juego que por sus características puede salir bastantes veces a mesa, más teniendo en cuenta que cada partida no es igual ni mucho menos, ya que el tablero de juego, al estar compuesto por diferentes baldosas, se pueden colocar en el orden que se desea al principio de la partida. Tanto los no habituados a los juegos de mesa como los sí habituados encontrarán un juego divertido y bien construido con una ambientación llamativa. Es muy competitivo y promueve el que los jugadores se piensen bien las estrategias antes de hacer nada, si quieren lograr un buen puesto en el cristal central de la ciudad. Muy recomendable.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

He tenido la suerte de probar este GRAN juego. Gracias por vuestra maravillosa resena. Creo que el juego es fantastico. Entra por los ojos . Mejor a 3 y 4, a 2 todavia no lo he probed.

Loren dijo...

Gracias por leer, lástima que no conozca tu nick. ;)

Todavía no he probado el juego a 3 o 4, pero a 2 me ha parecido bastante bueno y muy competitivo, en el que también hay tortas por las contribuciones a los edificios, ya que casi todas las casillas son impares.

Que pierda o no una vez probado con tres para luego jugar con dos... ahí ya no lo sé.

Un saludo.

Cyram dijo...

Hombre, hay que reconocer que si ya es complicado jugar con 2 para conseguir el mayor número de escamas de dragón y para poder hacer el mayor número de ofrendas al monolito...

... con 3 o 4 jugadores debe de ser como para empezar a afilar los cuchillos. ^^ Me parecería interesante probarlo a ver que tal.
Aunque reconozco que los juegos me suelen gustar más a dos personas que a más, como me pasó con el Dominion.

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